¿Mi familia sabrá qué hacer cuando llegue el momento? La promesa que le hice a mi tía antes de que falleciera

Una de las frases que más escucho como consultor funerario es:

“No hace falta hablar de eso. Mi familia sabrá qué hacer cuando llegue el momento.”

Es una idea comprensible. Pensamos que quienes más nos quieren sabrán tomar las mejores decisiones.

Sin embargo, después de acompañar a muchas familias, he aprendido que el amor no siempre es suficiente cuando llega una pérdida. En medio del dolor aparecen dudas, distintas opiniones y decisiones que deben tomarse en muy poco tiempo.

Hubo una experiencia que viví con mi propia familia y que cambió por completo mi forma de entender este tema.

Mi tía me pidió que respetara su decisión hasta que llegara el momento

Mi tía llevaba tiempo luchando contra un cáncer de mama muy agresivo.

Conforme avanzaba la enfermedad, intentó hablar con su familia sobre cómo quería que fuera su despedida.

Pero cada vez que tocaba el tema, la respuesta era prácticamente la misma.

“No hables de eso.”

“Vas a salir adelante.”

“No pienses en esas cosas.”

Su familia hablaba desde el amor y la esperanza.

Ella, en cambio, quería evitar que algún día tuvieran que tomar decisiones difíciles sin conocer su voluntad.

Un día me pidió hablar con ella a solas.

La conversación que nunca olvidaré

Como yo ya trabajaba como consultor funerario, decidió confiarme algo que muy pocas personas sabían.

Me contó que, sin decirle a su familia, había contratado un servicio funerario y adquirido un lote para ser sepultada.

Después comenzó a explicarme cómo quería que fuera su despedida.

Deseaba que la velación se realizara en la agencia funeraria que había elegido y que, al finalizar, fuera sepultada en el cementerio correspondiente a esa misma empresa.

Mientras hablábamos comprendí que no estaba pensando en ella.

Estaba pensando en la tranquilidad de su familia.

Antes de despedirnos me pidió algo que nunca olvidé.

Que cuando llegara ese momento, los ayudara a cumplir su última voluntad.

El día que recibí la llamada

Tiempo después mi tía falleció en su domicilio.

Mi primo me llamó para pedirme ayuda.

Su voz reflejaba la desesperación de quien acaba de perder a su madre y no sabe qué hacer.

Lo único que recordaba era que ella siempre había dicho que quería ser sepultada.

Nada más.

Mientras hablábamos me explicó que su padrastro ya había solicitado cotizaciones en distintas funerarias.

Los presupuestos iban desde cincuenta hasta ochenta mil pesos.

Al mismo tiempo, uno de los hermanos de mi tía buscaba opciones mucho más económicas y había encontrado una cremación por alrededor de cinco mil quinientos pesos.

Cada integrante intentaba ayudar de la mejor manera.

Pero cada uno tenía una idea diferente sobre lo que debía hacerse.

Las horas más difíciles

Cuando llegué a la casa habían pasado varias horas desde el fallecimiento.

Además del dolor, existía otro problema.

Todavía no encontraban un médico que pudiera expedir el certificado de defunción, un documento indispensable para continuar con el proceso.

La tensión aumentaba con el paso del tiempo.

Aunque les expliqué que mi tía me había dejado instrucciones y que sabía que existía un plan contratado, al principio noté cierta desconfianza.

Lo entendí perfectamente.

En momentos así es normal que las personas tengan dudas y quieran asegurarse de que están tomando la decisión correcta.

Comencé a revisar la documentación hasta encontrar el contrato que mi tía había adquirido tiempo atrás.

También los orienté para conseguir al médico que pudiera emitir el certificado de defunción y dar inicio a los trámites correspondientes.

Recordar su voluntad cambió todas las decisiones

Con el contrato en las manos pudimos revisar los servicios que mi tía había contratado.

Poco a poco la familia comenzó a recordar pequeñas conversaciones que habían tenido con ella.

Entonces comprendieron que aquello que yo les estaba explicando coincidía con lo que ella había expresado en vida.

Finalmente decidieron respetar su voluntad.

La velación se realizó en la agencia funeraria que ella había elegido y posteriormente fue sepultada en el lugar que había dejado previsto.

En medio del dolor, la familia ya no tuvo que preguntarse qué habría querido ella.

Ella misma había dejado la respuesta.

Lo que aprendí como consultor funerario

Aquella experiencia me dejó una enseñanza que nunca he olvidado.

Muchas personas creen que su familia sabrá exactamente qué hacer cuando llegue el momento.

La realidad es que, cuando ocurre un fallecimiento, cada integrante intenta ayudar desde su propia perspectiva.

Unos piensan en la parte económica.

Otros en cumplir los deseos del ser querido.

Otros simplemente actúan como creen que es mejor.

Y eso puede provocar dudas, retrasos o decisiones distintas a las que la persona realmente deseaba.

Hablar del tema con anticipación no significa perder la esperanza.

Significa evitar que quienes más queremos tengan que adivinar cuál era nuestra voluntad.

¿Cómo ayudar a tu familia desde hoy?

No basta con contratar un plan de previsión funeraria.

También es importante que tu familia sepa:

  • Que existe un plan contratado.
  • Dónde se encuentra el contrato.
  • Qué servicios incluye.
  • A qué empresa debe comunicarse.
  • Cuáles son tus últimos deseos respecto a tu despedida.

Una conversación de unos minutos puede evitar muchas horas de incertidumbre.

Reflexión Final

Desde aquel día comprendí que la previsión funeraria no consiste únicamente en contratar un servicio.

También consiste en comunicar nuestras decisiones a las personas que algún día tendrán la responsabilidad de despedirnos.

Mi tía no pudo evitar que su familia sintiera dolor por su partida.

Pero sí logró evitar que tuvieran que imaginar qué era lo que ella realmente quería.

Y esa fue, quizá, la última muestra de amor que les dejó.

¿Te gustaría conocer cómo preparar a tu familia para ese momento?

Cada familia vive circunstancias diferentes. Si tienes dudas sobre cómo funciona un plan de previsión funeraria o deseas conocer cómo organizar estos aspectos con anticipación, con gusto puedo orientarte de manera clara y sin compromiso.

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